He notado una reacción negativa contra quienes se dice que están "glorifican" a China. Para ser sincero, no veo a mucha gente glorificando China. Lo que veo es gente que se opone — con razón — al privilegio imperial occidental. Voy a compartir un poco de mi propio camino para dar algo de perspectiva. En los últimos años, mientras investigaba, escribía y participaba cada vez más en debates sobre el papel de China en la economía global, he notado un patrón llamativo: demonizar a China es totalmente aceptable. Las acusaciones de robo tecnológico, sobrecapacidad industrial y autoritarismo opresivo se lanzan contra China con poca matización o contexto. Es habitual —casi dado por sentado— sostener la opinión de que el ascenso de China es peligroso. Habiendo pasado gran parte de mi carrera trabajando en temas de desarrollo en el Sur Global, el tono de estas críticas me resulta familiar. Reflejan el privilegio imperial, la ansiedad neocolonial y una profunda negativa en Occidente a ceder poder político o económico a los países en desarrollo. El ascenso de China es la primera prueba real de si Occidente puede aceptar que una gran nación en desarrollo está persiguiendo con éxito el desarrollo soberano bajo sus propios términos. Hasta ahora, Occidente está fallando en esa prueba. Así que no — personas como yo no estamos glorificando China. Ante la demonización sin complejos de China por parte de Occidente, simplemente intentamos recordar a los demás que no es algo malo cuando un país en desarrollo realmente se desarrolla.