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“Hot Pie ocupa un lugar importante en mi imaginación”, escribe Nicholas Quah. “Como el antiguo compañero de viaje de Arya Stark, visto por última vez dejado atrás para trabajar en una taberna y presumiblemente salvado de lo peor de ‘Game of Thrones’, el entusiasta culinario siempre me pareció un avatar del hombre común de Westeros: un tipo que no está directamente enredado en las grandes maquinaciones políticas o existenciales del reino y que, en su mayoría, solo quiere salir adelante bajo el gobierno de un monarca loco o de otro.”
Su misma existencia se siente como la tácita admisión de George R.R. Martin de que, a pesar de toda la crueldad humana y la desolación que le gusta croniclar, hay aspectos de la vida en Westeros que valen la pena preservar. Esa sensibilidad del hombre común se encuentra en el corazón de “A Knight of the Seven Kingdoms”, el último spinoff de “Thrones” de HBO, y es una gran razón por la que la serie funciona tan bien en su primera temporada, escribe Quah.
Su protagonista es Duncan (Peter Claffey), un gentil y enorme torpe que intenta hacer una vida para sí mismo como caballero errante tras la muerte del hombre al que una vez sirvió. En el camino, recoge a un niño escuálido y sospechosamente calvo que se hace llamar Egg (Dexter Sol Ansell), quien pronto se convierte en su escudero.
Antes de mucho, las complicaciones, los reveses y las pequeñas crueldades comienzan a acumularse, poniendo a prueba la creencia de Duncan en el honor caballeresco. “Lo sorprendente no es que las cosas se pongan difíciles, sino cuán efectivamente el programa sublima esa oscuridad dentro de un registro más amplio de calidez y humor”, escribe Quah.
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