En 1996, Bear Grylls sobrevivió a una caída de paracaidismo de 16.000 pies que le dejó tres vértebras rotas. Dieciocho meses después, contra las expectativas médicas, alcanzó la cima del Everest a los 23 años, convirtiéndose en uno de los escaladores más jóvenes de la historia en lograr esta hazaña.