Estados Unidos puede ser compasivo y financieramente sensato. Por eso escribí la Ley para Poner Fin al Bienestar para No Ciudadanos, para restaurar el principio de que los patrocinadores, no los contribuyentes, son responsables. Estamos en el hoyo de 2 billones de dólares. La verdadera caridad viene del corazón, no del talonario de Washington.