Cuando tenía 12 años, mi abuelo compró este libro para mi papá. Era un lector voraz, así que lo leí de principio a fin a pesar de no entender algunas partes. Pero incluso entonces, había una afinidad. Décadas después, comencé a seguir a Scott Adams en línea. Me hizo pensar como muy pocos podían. Scott Adams era valiente, inteligente, principiado, curioso y efectivo. Encarnaba los valores que atesoro hasta el día de hoy. Descanse en paz uno de los grandes de todos los tiempos.