En la mayoría de las blockchains, la identidad comienza y termina con una dirección de billetera. Si controlas la clave privada, tú eres la entidad. Ese modelo funciona para los humanos, pero se descompone para los agentes autónomos.
Una dirección de billetera solo responde a una pregunta: ¿Quién puede firmar esta transacción? No dice nada sobre: • Lo que el agente puede hacer • Por qué está actuando • Qué restricciones se aplican • Si esas acciones pueden ser auditadas
Los agentes de IA no son solo cuentas que mueven fondos. Son actores que: • Razonan • Ejecutan tareas • Interactúan con otros agentes • Provocan efectos en cadena y fuera de cadena Reducirlos a direcciones de billetera elimina todo el contexto significativo.
La identidad del agente es fundamentalmente diferente. Representa: • Una entidad persistente y verificable • Permisos y ámbitos explícitos • Restricciones exigibles • Un historial de acciones demostrables La identidad define la autoridad, no solo la propiedad de la clave.
Sin la identidad del agente, los sistemas dependen de suposiciones frágiles: • Billetera = agente • Titular de la clave = intención • Firma = legitimidad Estos atajos hacen que los sistemas autónomos sean más difíciles de asegurar, explicar y escalar.
Con la identidad nativa de agente, la autonomía se vuelve componible. Los agentes pueden: • Actuar dentro de límites definidos • Probar lo que hicieron y por qué • Interactuar de forma segura con otros agentes • Ser auditados sin interpretación humana Esa es la diferencia entre automatización e infraestructura.
Las billeteras mueven valor, mientras que una identidad de agente gobierna el comportamiento. La próxima generación de sistemas autónomos requerirá ambos, diseñados juntos, no adaptados después de hecho. Esa es la dirección hacia la que Kite está construyendo 🪁
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