Una objeción estándar anticapitalista a las sanciones es que el socialismo permite el libre comercio, solo que no la propiedad privada de la propiedad productiva. La razón por la que esta objeción falla es porque la consideración principal que justifica permitir que las personas intercambien bienes también justifica permitirles intercambiar su trabajo a cambio de salarios de un capitalista; es decir, entran libremente en el acuerdo con la expectativa de que se beneficiarán de él.